El día que me enamoré, lloré

Entonces ya me dieron ganas de llorar a gritos. Y es que me pareció que me quedaba muy solo y sentí como que se me enfriaba toda la vida para siempre.

-El niño que enloqueció de amor

 

img_0095Todo estaba bien hasta que vi su mensaje. El corazón volvió a palpitar a un ritmo irreconocible, como adolescente enamorado por primera vez. En ese momento, la canción “Mi corazón tiene mente propia” de Ednita Nazario sonó en la radio. De esas canciones que te hacen volar a la galaxia y te dan la oportunidad de saludar a un tal Cupido y a un tal Eros. Tuve miedo, no quise abrirlo. ¿Qué dirá?, seré fuerte – pensé por un segundo. Cuatro letras: “HOLA“, fueron lo suficiente para volver a suspirar. Sonreí al recordar ese momento cuando le di una oportunidad, cuando era feliz, cuando pasaba largas horas (por teléfono, texto, videollamada, en persona) hablando “tonterías interesantes.” El tiempo no existía; las despedidas eran un tormento.

Estar enamorado me hizo tener valentía. Amé a quien quería, me arriesgué, pero cuando lo hice, y de verdad, me dejaron caer. Me hicieron pedazos. Salíamos y me presumía ante la sociedad, decía que era su todo. Por las redes sociales expresaba que era su felicidad, sin embargo, en privado, era su nadie. El alcohol y la música meláncolica fueron mis aliados para “ahogar las penas”. Perdí la fe, mis amistades fueron testigos de mi sufrimiento. Me escucharon maldecir a la vida y presenciaron esa triste escena, como cuando el sol desaparece ante una enorme nube gris, la sonrisa se esfumó de mis labios. Mi familia intentaba descifrar la causa de esa angustia que me estaba consumiendo. A  pesar de todo, le dije: quiero algo serio contigo y me dio un NO por respuesta. Visité al psicólogo y sin vacilar, expresé: me muero de amor.

¡MIERDA! Ese momento incómodo cuando estás rodeado de personas y surgen las preguntas patéticas: ¿cuándo te casas?, ¿cuándo conoceremos a la persona afortunada? De inmediato me digo: ¿qué contesto?, ¿entenderán? Si digo lo que pasó, me harán revivir la historia. Si digo que no tengo, intentarán recomendarme a alguien. Si digo que no quiero, me preguntarán por qué. ¡Cupido, te odio!

Cuando por fin llegó “el amor de mi vida”, la persona que deseaba escribir una nueva historia junto a mí, dudé de su amor, de sus palabras. Creé una muralla y ahora soy yo quien la aleja. Me percaté de lo que hice, mas ya era tarde. Me quedé solo. Nunca pude decirle qué fue por el maldito miedo. La mente me tortura, no tanto con el pasado, sino con: ¿qué hubiera pasado si…?

Aprendí a amarme, sanar, volver a creer y confiar en mí. Tiempo después, llegó un mensaje que me hizo recordar esos momentos alegres. Por un instante me ilucioné, me debilité y fortalecí. Aprendí a controlar las emociones, enfrentar al pasado y a darme mi lugar. Dicen por ahí que el tiempo es el mejor maestro. Sin necesidad de hacer preguntas, te da las mejores respuestas. Tengo un poco de miedo, pero estoy listo para lo nuevo.

Hoy es 14 de febrero. No sé si llamarle el día del amor, de la amistad o del despecho. Solo sé que me enamoré, sufrí, decidí amarme y aprendí a dar nuevas oportunidades. Hoy, es el día que el recuerdo me hace llorar.

En memoria a mis amistades que han sufrido por amor.

Rayelturista

2 comentarios en “El día que me enamoré, lloré

  1. Triste pero esperanzado a la vez y si cuando nos dejamos arropar por el miedo dejamos pasar oportunidades que quizás tal vez nos fueran dado felicidad y ningún dolor de amor.

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